El éxito solo brota de una perseverancia constante...
Manfred von Richthofen

Constantin “Bâzu” Cantacuzino

Piloto Aviador

El 8 de Mayo de 1954, hubo en Cuatro Vientos un Festival Aéreo. No podía renunciar a verlo. A mis diecisiete años de edad ya era, entonces, un empedernido aerotranstornado. Así pues, con algunos compañeros de Academia, madrugamos y nos trasladamos a Cuatro Vientos por el expeditivo procedimiento de tomar el metro hasta Carabanchel y, después, caminata....

El Festival no fue , en sí, muy importante, pero fue, sobre todo, muy importante para mí. Aunque no conservo el programa, lo he podido rcordar gracias a la revista Avión. Desfiló primero una formación de HM-1B de San Javier, otra de Ju-52 de Getafe y una tercera de Heinkel procedentes de Tablada. Después habría una exhibición de Texan, procedentes de Matacán y de T-33, procedentes de Talavera, que estaban recién llegados a España y que, creo recordar, eran presentados al público por vez primera. Después sería exhibido también un helicóptero Sikorsky S-55, también acabado de incorporar en virtud de los recién firmados acuerdos con los Estados Unidos, y una reliquia histórica, el autogiro C-19 que hoy se conserva en el Museo del Aire. Después le tocó el turno a las escuelas de Vuelo sin Motor: Kranich remolcados por cigüeñas desfilaron a lo largo de la pista.

A continuación se había previsto la exhibición acrobática de dos pilotos legendarios: El Capitán Vicente Aldecoa Lecanda, Medalla Militar, que había conseguido ocho derribos en Rusia durante la Segunda Guerra Mundial y el héroe de la Real Aviación Militar Rumana, el Príncipe Cantacuzeno, que durante dicho conflicto había obtenido 70 derribos de los que 57 habían sido victorias confirmadas. Ambos volaban Bücker Jungmeister y existía entre ambos, pese a que trabajaban juntos, entrenaban juntos e intervenían juntos en Festivales, una cierta rivalidad. Despegó en primer lugar Aldecoa y, de pronto, vimos cómo su Búcker se desplomaba, estrellándose entre una nube de polvo y humo....Hubo un momento de gran confusión.... Inmediatamente corrió el rumor, pronto confirmado, de que Aldecoa había muerto en el accidente. Se especuló enseguida con que el Festival sería suspendido ya que era impsible que Cantacuzeno, amigo íntimo de Aldecoa, estuviese en condiciones de volar....No obstante, antes de que nos diésemos cuenta y mientras todos especulábamos con lo que iba a ocurrir, Cantacuzeno despegó y realizó con su Bücker EC-AEX una de las tablas acrobáticas más atrevidas, arriesgadas y perfectas que soy capaz de recordar. Recuerdo, especialmente, una pasada en invertido recorriendo toda la pista de Cuatro Vientos a menos de diez metros de altura.

El Festival no había terminado. En él pudimos ver un He111 y un Messer de los construidos en Sevilla por la Hispano, hubo lanzamiento de paracaidistas desde los Junker y, finalmente, un impresionante desfile de tres patrullas de reactores, algo a lo que no estábamos muy acostumbrados: una portuguesa, con F-84G Thunderjet, una segunda norteamericana, con F-86F Sabre y una tercera italiana, con F-84F Thunderflash. Pero nuestro ánimo se hallaba prendido entre el amargo sentimiento que nos había dejado la muerte de Aldecoa y, al menos para mí, la escalofriante exhibición de Cantacuzeno.

Entonces sabíamos, yo al menos, muy poco de Cantacuzeno y la prensa tampoco era demasiado explícita. Se decía que era un piloto rumano, refugiado en España después de que la ocupación militar soviética de su país hubiese provocado un cambio de régimen político. En la España de los años cincuenta, donde los refugiados alemanes, croatas, húngaros, rumanos, búlgaros, belgas, franceses e italianos que durante la 2ª Guerra Mundial habían actuado como políticos, como militares o como industriales colaborando con el régimen nazi eran algo común, por lo tanto, un personaje como el Príncipe Cantacuzeno no llamaba en absoluto la atención. Era un refugiado más, como lo eran Skorzeny, Leon Degrelle, Claude Dornier y tantos otros. Después, muy pocos años después, en 1958, murió y, poco a poco, su nombre fue quedando en el olvido.

Pero yo seguía recordando aquellas pasadas de Cuatro Vientos y, de vez en cuando, trataba de conocer más acerca del personaje. Finalmente, en 2005, cuando la Fundación Aérea de la Comunidad Valenciana decidió reconstruir una Bücker Jungmeister, yo me atreví a proponer que, cuando esté finalizada su construcción, sea decorada como la veterana EC-AEX en honor al legendario piloto rumano y a mis recuerdos de juventud.



Julián Oller

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