Quien bien te quiere te hará volar!!!
Fundación Aérea de la Comunidad Valenciana

Juan Olivert Serra

Biografía Resumida 1888 - 1949

Según las investigaciones de diferentes historiadores, se tiene la certeza de que el valenciano, de Cullera, Juan Olivert Serra fue el primer piloto que consiguió despegar del suelo con un aeroplano provisto de motor, en nuestro País. Ocurrió en la localidad de Paterna, cercana a Valencia, la tarde del 5 de septiembre de 1909, dentro del recinto del acuartelamiento militar que el arma de Artillería posee en esa ciudad.

Ese mismo verano habían tenido lugar efemérides notables en el mundo de la naciente Aviación. En el mes de julio fue presentado en Fort Myer al ejército de Estados Unidos, el primer modelo del Flyer Military de Wright y, dos días antes, tuvo lugar el cruce del Canal de la Mancha, desde Calais a Dover por Louis Blèriot, pilotando su Modelo XI. Sólo una semana antes del vuelo de Olivert en Paterna finalizaba el Gran Festival Aeronáutico de Reims, a donde habían concurrido la mayoría de los aeroplanos que volaban en la época, siendo contemplados por un millón de personas.

Encontramos en el valenciano Juan Olivert un caso curioso de persona dedicada a la nueva manía de volar, obsesionado por los aeroplanos. Huérfano de padre desde los ocho años y único varón de la familia, constituida con su madre y dos hermanas mayores, es el arquetipo del joven de posición acomodada del ámbito rural valenciano, que desarrolla su personalidad creadora en el ámbito de una imparable vocación. Invierte una suma importante del peculio familiar en la construcción de un nuevo y original aparato volador, que le construyen en parte en los Talleres Rosell i Vilalta, de Barcelona, según la idea y bajo la dirección de su profesor, el ingeniero Gaspar Brunet. No existe duda acerca de la originalidad del diseño, en relación con los aeroplanos de entonces, aunque todos ellos compartían, lógicamente, rasgos comunes.

Juan Olivert exhibe su aeroplano, todavía sin motor, en el Pabellón de Industria de la Exposición Regional Valenciana de 1909, donde S. M. el Rey don Alfonso XIII, en su visita inaugural, departe largamente con el aviador en ciernes recibiendo explicaciones sobre el aparato, de la misma manera que unos meses antes las recibiera de Willbur Wright sobre su Flyer, en el aeródromo de Pau. Muy bien relacionado en los medios sociales, municipales y militares de la época, Olivert obtiene importantes ayudas económicas del Ayuntamiento de Valencia y el apoyo de la jerarquía militar, gracias al cual utilizará para las pruebas de vuelo los terrenos campamentales de Paterna.

Al mismo tiempo, participa en todo tipo de movimientos en relación con el reinante interés hacia la Aeronáutica, en Barcelona, donde estudia Ingeniería Industrial y en Valencia, formando parte de la recientemente creada Sección de Aeronáutica del Círculo de Bellas Artes. Existen abundantes testimonios acerca de los artesanos aficionados que, en Valencia, intentaron el diseño y la construcción de acertados prototipos voladores, la mayor parte de los cuales no llegaron a pasar a la Historia por simple cuestión económica, el elevadísimo coste de los motores y hélices, sin los cuales se quedaron en simples modelos de taller.

Los periódicos de la época, sin excepción, relatan el éxito del intento de vuelo realizado en Paterna el 5 de septiembre de 1909, que adoleció de la indudable falta de experiencia de quien tenía que remontar el aparato por los aires, algo que, incomprensiblemente, no se tuvo en cuenta ni se consideró como fundamental, dados los escasos conocimientos en la materia por parte de quienes pretendían construir aeroplanos y hacerlos volar. Probablemente se pensaba que, lo mismo que para conducir un automóvil, todo era cuestión de prudencia y realizar algunos intentos hasta conseguirlo; despegar, volar y aterrizar podía ser algo parecido.

Recordemos las históricas declaraciones, a un periodista, de Benito Loygorri Pimentel, primera licencia de vuelo de un español en 1910, a quien manifestó que “para pilotar un avión basta con saber despegar y tomar tierra y mantenerse en el aire”. Tan sencillo como esto.

Algún edil municipal pretendió que el vuelo de Paterna constituyera un festejo más de la clausura de la Exposición Regional, para lo cual se esperaba que El Volaoret (este es el apodo con el que lo calificaron sus paisanos de Cullera) contribuyera con su aparato a toda una exhibición aérea, despegando de Paterna y dirigiéndose a la Exposición; ésta estaba situada en las inmediaciones de lo que hoy es el Estadio de Mestalla, en Valencia. Admiraría al público con sus evoluciones sobre el recinto, después de lo cual regresaría a Paterna o se dirigiría a tomar tierra en las playas, más próximas, si el combustible no le alcanzaba.

En realidad, lo que ocurrió estuvo lejos de lo proyectado por el optimista organizador. Olivert tan sólo pretendía probar el motor y el empuje que proporcionaba en tierra, pero el gentío que poblaba el campo y la emoción del momento le hizo dar más gas del necesario y el aeroplano se despegó del suelo y voló, a unos cuantos decímetros de altura, del orden de cuarenta metros. La falta de terreno hacia delante, que el piloto vio acortarse rápidamente y el movimiento desordenado del público asistente decidió que Juan Olivert cortara el encendido del motor, al mismo tiempo que iniciaba el viraje, con lo que inmediatamente volvió el contacto de las ruedas con tierra. La mala preparación del terreno produjo la rotura de la ballesta y la débil rueda izquierda, no pudiéndose continuar la experiencia. Como todos los presentes corroboraron, con unanimidad de la prensa local, el aeroplano efectivamente voló.

Poco después del acontecimiento de Paterna, Juan Olivert contrajo matrimonio con Pilar Peris Castellano, perteneciente a familia de periodistas, políticos y eclesiásticos valencianos de ilustre apellido, Peris Mencheta, residentes entonces en Sevilla, donde fundaron un periódico. El matrimonio no dejó descendencia y Pilar permaneció junto a su marido, en Cullera, a lo largo de toda su vida, falleciendo Juan en 1949 y su esposa en 1966. Los restos de ambos descansan en el panteón familiar del cementerio de Cullera. En la actualidad, Santiago Renard Montón, nieto de una de sus hermanas y residente también en Cullera, recuerda a su tío-abuelo Juan y venera su memoria. Por iniciativa del mismo, el festival aéreo anual institucionalizado en Valencia, llevará el nombre del pionero aviador.

Es sorprendente el caso de Juan Olivert, el joven de veintidós años que en los comienzos de la Aviación mundial y todavía en la prehistoria de la española, se siente tan tremendamente atraído por la naciente aventura aeronáutica que se constituye en el primer aerotrastornado valenciano, acertado vocablo, éste, que un ilustre colega ha acuñado. Nuestro hombre no duda en emplear su tiempo y su dinero en conseguir el aeroplano de su invención y en demostrar que puede volar. Probablemente, muchos años después, murió sin haberse percatado de que fue el primero y de que acabaría pasando a la Historia de nuestra Aviación.

Por iniciativa del Servicio de Historia y Cultura del Ejército del Aire, como conmemoración del centenario Mundial de la Aviación, el año 2003, se ha erigido un sencillo monumento conmemorativo en el lugar del primer vuelo y varios ingenieros aeronáuticos e investigadores han contribuido a rescatar el diseño del aeroplano original Olivert-Brunet, cuya reproducción fidelísima puede contemplarse en el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe de Valencia y en el Museo del Aire de Cuatro Vientos.



Rafael Murcia

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