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Fundación Aérea de la Comunidad Valenciana

Talleres Loring: La industria Aeronáutica Española en los años 20

D. Luís Utrilla Navarro Ingeniero Aeronáutico, Escritor y Miembro del I.H.C.A.

Partiendo de las primera actividades profesionales del ingeniero Jorge Loring Martínez, iniciándose en el transporte marítimo, pronto se centra en la consecución del servicio aéreo entre Sevilla y Larache, primero en el territorio nacional, por medio de la entidad Compañía Española de Tráfico Aéreo CETA. Nada más finalizada la Gran Guerra en 1918, se ubica en Barcelona, en el primitivo aeródromo de El Prat, conocido como La Volatería. En la primitiva fábrica Pujol, comparte experiencias con el aviador Salvador Hedilla, quien morirá en accidente al poco de iniciarse la relación entre ambos. En la fábrica construida posteriormente en Carabanchel, los conocidos como Talleres Loring, se consiguen, ya en la década de los años veinte del pasado siglo, avanzados diseños basados en modelos existentes de biplanos Fokker, a los que se añaden ingeniosas y avanzadas soluciones técnicas que merecen el interés de la incipiente arma de Aviación del gobierno español, iniciándose la fabricación en serie de un gran número de aparatos, construidos en la pujante industria Loring de los alrededores de Madrid, que funciona a pleno rendimiento a mediados de la década. Se suceden los modelos de avanzado diseño, que utilizan, al principio motores Gnome de importación, para ser equipados finalmente con los nacionales Hispano Suiza, ya de consolidado renombre en la aviación europea.

Debido al auge de la industria y el indudable interés oficial por la adquisición de aeroplanos, cuyos componentes y materiales deberían ser íntegramente de procedencia nacional, se establece la nueva compañía AISA, Aeronáutica Industrial, S.A., que produce, en principio, unidades de uso militar para el estado, aunque casi inmediatamente unidades deportivas e, incluso, trimotores de pasajeros, que utilizará la primera compañía comercial española LAPE, dedicando una parte de su actividad industrial a la construcción de versiones mejoradas del autogiro que La Cierva está popularizando por Gran Bretaña y Estados Unidos.

La industria Loring perfecciona e inicia la producción en serie de unidades idénticas, lo que hasta el momento no era conseguido al poseer la construcción aeronáutica un gran componente artesanal, siendo pionera en conseguir patentes de invención, que consiguió en número de siete. Al estallar la guerra civil, Jorge Loring prosiguió durante algún tiempo con la actividad productiva de su fábrica, de sumo interés para el gobierno de la República, consiguiendo la protección oficial para el funcionamiento de los talleres bajo su dirección, lo que no impidió que elementos incontrolados le detuvieran en su domicilio, dándole muerte una noche del mes de noviembre de 1936.

Su hijo Manuel, tras la contienda, se hizo cargo de la dirección de las empresas, continuando la producción de aviones hasta mediados los años cincuenta.

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